miércoles, agosto 16, 2006

Los Algodones

A Marcelo Santiago y Regina Ferrer, mis abuelos
LA NOCHE LOS SORPRENDIÓ levantando casetas en la espera de unos aguaceros que nunca llegaron. Atrás quedó todo cuanto ellos creyeron poseer, la única verdad que reconocían sus ojos, hasta que la Autoridad de Tierras y Desarrollo Industrial se empeñó en demostrarles lo contrario.
De nada valieron los razonamientos ni las súplicas.
—Negarle paso al progreso ―les dijo el abogado de la Autoridad― es conspirar en contra de la buena voluntad de nuestro gobierno.
El licenciado les entregó una orden de desalojo y unos papeles que, según él, los hacía dueños de unos terrenos en La Cordillera, que es tierra hombruna
—Todo eso —les dijo, señalando al monte inhóspito, enmarañado y sordo—, hasta poco más acá del río, les pertenece. Aseguren bien esos papeles, no vaya a ser que algún inescrupuloso intente, en el futuro, quitarles lo que no les dio.
Ellos nada dijeron y en la mañana siguiente comenzaron las labores de desmonte. No pararon de trabajar hasta hacer un claro en lo alto del cerro donde construyeron un caserío, una capilla, un campanario y acondicionaron un predio que destinaron para enterrar a sus muertos.
Poco a poco encontraron maneras de traer el agua del río a las talas* y a fuerza de muchas horas de trabajo y vigilia le fueron cambiando el rostro a la adversidad que llevaban clavada en los ojos.
Allá abajo, en el litoral, hubo un florecimiento económico que fue menguando con el paso de los años debido, en parte, a las protestas de los lugareños porque los desperdicios químicos de la compañía deshidrataron el terreno hasta hacerlo inservible para la faena agrícola...
Con el tiempo, también, los obreros se organizaron en sindicatos para buscar mejores condiciones de trabajo y exigir incrementos salariales y más horas de asueto. Eso, y los alegados altos costos arancelarios, fueron creando las condiciones que un día hizo crisis con el repentino anuncio de que la petroquímica, desencantada con el giro que estaba tomando la política insular, había decidido mudar sus operaciones a Centro América, donde todo les era más favorable.
Al irse quedaron los edificios de hormigón reforzado, las carreteras pavimentadas, las enormes torres que por años no cesaron de emitir unos gases cuyo hedor se quedó impregnado en el ambiente como un maleficio, y el atracadero infernal donde no volvió a florecer la fauna marina.
La noticia la trajo a Los Algodones una anciana que regresó con el cadáver de su único hijo muerto a causa de un extraño padecimiento pulmonar.
—Se fueron los americanos y nosotros tenemos la tierra. Nuestra tierra ―casi gritó de rabia, mientras caminaba en dirección al cementerio, halando la soga de la bestia que cargaba su sueño hecho pedazos.
Todos la siguieron enmudecidos.
© Josué Santiago de la Cruz
A 11 de mayo de 2006

*Tala: En Puerto Rico denominamos Tala al predio de terreno abierto, deforestado, que se usa para la siembra, mayormente de subsistencia.

martes, agosto 08, 2006

The Lone Ranger

A José Antonio Torres

—No encuentro el antifaz, ni las armas y Plata no está en el establo, Toro ―le dijo El Llanero a su acompañante indígena.
El piel roja le contestó:
—Ya nos comimos la máscara. Ahora estamos comiéndonos las pistolas. En dos lunas me dan lo que pedí por el caballo y después tendremos que inventarnos otra historia, Quimosabe.


© Josué Santiago de la Cruz
Quimosabe: Quien más sabe-He who knows more.

El vuelo de las mariposas

A Lila Mar, mi hija
Lo primero que percibió antes de abrir los ojos fue el vuelo de las mariposas. Las sintió revoloteando el lecho y cuando logró despegar los párpados ya no las escuchó más. Pero aún olía su perfume y sentía su presencia.
Afuera el sol quemaba las espigas filosas de la caña, y la guajana se elevaba a los vientos, majestuosa, como queriendo levantar vuelo. Pero no lograba despegarse del rabo que la sujetaba, con fuerza, al surco. Buscó a tientas el libro que descansaba en un recodo de la cama y llamó con una voz que pareció un suspiro:
―Ramón.
El criado pareció no escucharle. Los espejuelos le colgaban de los dedos y dormitaba, muy cerca del lecho, con la cabeza tirada hacia atrás. Volvió a llamarlo y éste inclinó el torso hasta quedar con el oido muy cerca de su boca...
―Vuelve a leerme aquello.
Acomodándole la sábana porque se le había descorrido, le dijo:
―Descanse. Recuerde que el médico le recomendó mucho descanso...
―No tengo tiempo para descansar. Anda, Ramón, no seas malo, leeme aquello otra vez.
Con el cansancio dibujado en la mirada, Ramón tomó el libro y lo abrió a ciegas. Sin colocarse los anteojos, y sin mirar las páginas, recitó:
―Allí estaba, con los pétalos derrumbados, viendo los charcos de luz en el río, cuando el vuelo de las mariposas se le metió en los ojos para llevárselo, volando, volando y volando...
Apenas hubo terminado, volvió a caer vencido por el sueño. El libro se le escapó de las manos y fue a dar al piso. Un batir de alas lo despertó, de súbito, y cuando miró, sólo alcanzó a ver el vuelo de las mariposas sobre el lecho vacío.


© Josué Santiago de la Cruz

¡Viva la revolución!

Al Col. Francisco Alberto Caamaño Deñó
Con redoble de tambor se paró frente al grupo de hombres que minutos más tarde habrìan de fusilarlo y a cada uno le fue entregando todo cuanto de valor poseía: el sombrero, las pistolas, el fuete, las cananas, los pantalones, la camisa, los calzoncillos que juró no cambiarse hasta tanto no triunfara la revolución, el caballo con todos sus arreos y la carabina 30/30 con la que le había volado los sesos al último de los Altamiranos, ante la mirada atónita de los campesinos. Sólo se quedó con las botas, porque hubiera sido una desvergüenza morir sin ellas puestas.
―¿Por qué mataste a ese hijo de puta en frente de toda esa gente, Zacarías? Ahora te tengo que fusilar para limpiar el buen nombre de la revolución y para quitarme de encima a ese muerto —le dijo el General Francisco Villa al hombre que por seguirle perdió la mujer y el hijo.
Zacarías Hurtado, desnudo y con las botas puestas, se echó un "¡Viva la revolución!" en el preciso momento en que las balas le perforaban el pecho y los abogados y el administrador de la hacienda Altamira celebraban la llegada de los insurrectos con vino importado de Francia y exclamaciones de:
―¡Viva Villa!
© Josué Santiago de la Cruz
A 28 de mayo de 2006

Natividad

A Miguel Reckman, mi maestro de filosofía
Cuando Cristóbal Colón llegó a La Española, en su segundo viaje (en el primero había hecho levantar allí una colonia a la que llamó La Navidad, porque fue en esas fechas sacras que encalló, en sus aguas, la Santa María), encontró muerte y desolación. La capilla, el campanario, la torre de observación: todo había sido reducido a escombros. Las osamentas de los colonos desparramadas por la playa y algunos huesos pelados rutilaban al sol contra la herrumbre de las viejas armaduras. Sólo se movía, al compás de la marea, el cuerpo de un joven aborígen, tumbado boca arriba en la orilla, con una cruz rota atravesándole el pecho, mientras el zumbido de las moscas y los zancudos se hacía cada vez más enconado.
© Josué Santiago de la Cruz
17 de julio de 2005

lunes, agosto 07, 2006

¡Alábalo, que El vive!

A todos los tecatos del mundo
El lugar estaba oscuro y maloliente e infectado de ratas y sabandijas. Las podía sentir corriendo, sin brújula, a medida que avanzaba.
Tropezó con un cuerpo que no dio indicios de vida, a no ser porque le escuchó decir:
―Allá están los aparatos.
Caminó hacia allá y al poco rato un resplandor iluminó todo en segundos. Intentó incorporarse porque le faltó el aire. Pero las piernas no le respondieron y cayó convulsionando al piso hediondo.
Todo pasó tan de prisa que sólo se llevó el recuerdo de aquella pelota de fuego que le nació más abajo del estómago, llenándole de burbujas la boca, y la voz ronca del predicador, gritando por los altavoces:
―¡Alábalo que El vive!
© Josué Santiago de la Cruz
GLOSARIO
¡Alábalo que El vive!
: Los predicadores pentecostales utilizan este "slogan", con mucha frecuencia, en sus cultos al aire libre.
Tecato: Usuario de substancias químicas controladas de uso intravenoso.
Aparatos: Utensilios, parafernalia, que se utilizan en la preparación y consumo de las substancias químicas controladas de uso intravenoso

El perro

A Luis Prieto, MD
El perro se lanzó de lo alto del Empire State Building e hizo historia por ser el primer can en cometer suicidio y como era de esperar, los reporteros abarrotaron de preguntas al sufrido dueño del animal suicida:
—¿A qué le atribuye usted lo sucedido?
El pobre hombre lloraba sin consuelo y cuando logró reponerse, contestó:
—No sé, ultimamente lo sentía muy atento a la televisión.

© Josué Santiago de la Cruz

Throw Your Shit Out!

(Colección: Cuentos y des-Cuentos)

In Memory of Michael Crump
Después de acompañar a Rosaline a su casa, Richard y yo regresamos por el mismo camino hablando de la discusión que tuve el otro día en la esquina con Big Dog.
―I´m gonna fuck you up! –me gritó cuando le dije que Rosaline y yo nos habíamos juntaos– If I ever see you with her, I´m sending you straight to the dentist!
Imagino que con eso intentó intimidarme. Pero yo le perdí el respeto el otro día que lo vi abusando de TJ, que sólo tiene 11 años.
Me le puse bravo entonces:
―Why you’re pushing him around like that?
El se me cuadró a lo guapo.
―If you think you got it like that –le dije sin quitarle los ojos de encima–, throw your shit out!
Me miró encojonao y se fue hablando mierda...
A Big Dog le hicieron fama de malo por el cuerpo ese que tiene. Habla gritando y gesticula como si te fuera a meter las manos.
Así son los abusadores.
Rosendo también lo fue hasta que le metieron un balazo en la cabeza en Nueva York.
Na, que todos los guapos lo son mientras haya un cobarde que se lo haga creer. Mi vieja lo decía a cada rato: “Dime de qué presumes y te diré de lo que careces”.
Basta con caminar sin pisarle los talones a nadie y sin dejar que nadie te los pise a ti. Así de sencillita es la cosa. Por eso, después de aquella garata con el gringo, no le di mucha cabeza al asunto, a pesar de las protestas de Rosaline.
—Be careful, papito...
Yo le contestaba lo mismo:
—Don’t worry a thing, baby, que nada de lo que él haga me va a hacer daño a mi.
Cuando ya habíamos avanzado bastante se nos apareció Big Dog en la misma esquina donde días antes le hice comer el orgullo. Estaba oscuro y no nos dimos cuenta que traía una Aka escondía debajo del coat con la que nos roció sin darme tiempo a reconocer que debí de haberle hecho caso a Ro...

© Josué Santiago de la Cruz

Hoja suelta conteniendo literatura que se pasa de mano en mano


De mano en mano es una publicación de la Casa Laboratorio de Expresión y Talleres Libres A. C. editada por Letras de Prado Verde. Orizaba, Veracruz, México. El tiraje es de 100 ejemplares. De mano en mano surge a iniciativa de individuos preocupados por la creación, reflexión y difusión de la literatura. Contáctanos en: islasainz@yahoo.com.mx Diseños: Susana Lagos.

Reverso de la página

High Horizons

A Inés Ledée, La Yegüa de Totó
En 1803 el Presidente Jefferson le dijo a su secretario:
—Dígame Sr. Lewis, ¿usted entiende la magnitud del servicio que está a punto de rendirle a la nación?
El hombre afirmó con un movimiento de cabeza.
—Pues sepa, amigo mío, que su travesía nos llevará de aquí ―con la punta del bastón casi le abrió un agujero al mapa en la pared, conteniendo el recién adquirido territorio de Las Luisianas, y caminando hacia la ventana más próxima, que de un empujón quedó abierta, apuntó a las estrellas― ¡Hasta allá!
Meriwether Lewis se mordió los labios y pensó: ¿Y cómo le hago ahora para explicarle a mis hombres que después de Las Luisianas vamos camino al infierno?
© Josué Santiago de la Cruz
14 de julio 2005

El retorno de Batman

A Gloria Gayoso
—Comisionado, en la celda hay un recluso que alega ser el verdadero Batman. Dice él que lo que sucedió fue que cuando estaba con su acompañante Robin, batiéndose con El Guasón y su banda de forajidos, uno de ellos le propinó un golpe tan contundente en la cabeza que lo dejó, por horas, inconsciente. Alega que lo despojó del uniforme que ahora usa para hacerse pasar por él.
—¿De verdad? ―preguntó el Comisionado de Policía de Ciudad Gótica.
—Así como lo oye ―le contestó el carcelero.
—¿Y cómo se llama ese hombre que reclama ser el verdadero Batman?
—El dice que no recuerda quién es.
—Pues dígale que ahora mismo arrestamos al impostor y le devolvemos su identidad.

© Josué Santiago de la Cruz
8 de julio de 2005

Simón Pedro

A don Manolo Figueroa
Después de haber pasado la noche pidiéndole al Padre consejo, la piedra sobre la cual meditaba Jesús generó una luz que le iluminó el camino. Se levantó, movido por la fuerza energética que de ella emanaba, y sin más dilación llamó a los discípulos. Estos acudieron a su encuentro y le rodearon. Sólo Pedro venía rezagado y al ver que no le dejaron ni un hueco por donde asomar la cabeza para escuchar su mensaje, subió a la roca donde minutos antes había orado El Ungido. Sin decir palabra, El Cordero de Dios, se abrió paso entre los apóstoles, que lo siguieron hasta donde Simón Pedro estaba encaramado, y con el cayado señaló, diciendo:
—Sobre esa roca edificaré mi Iglesia.
© Josué Santiago de la Cruz
A 10 de Abril de 2006